Francisco Javier Gil Rodríguez
Gran Canaria guarda secretos que no aparecen en los mapas. Uno de esos secretos lo encontramos mi amigo Juan Guerra y León Filho y yo mismo, en el año 1982, durante una excursión de varios días por el interior de la isla.
Caminábamos por una zona hoy deshabitada. Pero desde la época precolonial hasta hace apenas unas décadas hubo población. La prueba estaba a la vista: varios yacimientos arqueológicos y restos etnográficos delataban una intensa presencia humana.
En un pequeño morretillo cubierto de grandes piedras, localizamos lo más importante del hallazgo, dos construcciones de piedra.
1. La Casa de Los Piñones: Una construcción etnográfica e histórica de planta rectangular, sorprendentemente bien conservada pese a no tener techumbre. Es la que da nombre a todo el conjunto.
2. La Casilla Canaria: Un auténtico caserón canario de planta semicruciforme. Su estado de conservación es excepcional. Tanto los muros interiores como los exteriores se mantienen en pie, con paredes que en algunos sectores alcanzan los dos metros de altura.
Lo que convirtió aquella jornada en inolvidable fue lo que había a los pies del caserón: un vertedero con abundante cerámica canaria anterior a la conquista.
Tras volver a casa, hice lo que hace todo pateador curioso: busqué el nombre. Revisé mapas de Gran Canaria. El resultado me sorprendió: el topónimo “La Casa de Los Piñones” no existe. No está recogido en ninguna cartografía. Es un nombre inédito, vivo solo en la memoria oral de los pastores que transitaron por allí y que ahora, con esta publicación, quiero rescatar del olvido.
Este pequeño yacimiento es un ejemplo perfecto de cómo en Gran Canaria se superponen las capas de la historia: sobre lo indígena, lo canario tradicional. Un lugar que nos recuerda que la isla aún tiene rincones por descubrir.
A continuación se pueden ver las fotografías y croquis que hice en el momento del hallazgo.
























