Francisco Javier Gil Rodriguez
A finales de los años 70 del siglo pasado en una salida de investigación por el interior de la isla de Gran Canaria (Canarias), Jesús Cantero Sarmiento y Encarna Artíles Ojeda, miembros de la Comisión de Arqueología del Museo Canario (más tarde pasa a llamarse Comisión de Historia y Etnografía de Canarias) estaban mirando un grupito de casas tradicionales y en el patio de una de ellas vieron un gran gánigo de los canarios, por supuesto la alegría fue inmensa. Lo más extraordinario era que estaba intacto. Pudieron hablar en persona con los dueños de la casa y el gánigo. Estos le contaron la historia del gánigo; que servía todavía en ese tiempo para guardar carne de cochino, también que esta pieza de barro estaba en la familia desde varias generaciones atrás. El lugar era en el Municipio sureño de Mogán, más concretamente en el Caserío de Barranquillo Andrés, situado en el Barranco de Arguineguin (Ganeguin...según la tradición oral de la zona).
En un primer acercamiento los dos miembros de la CAMC intentaron que la familia donara la vasija al Museo Canario, pero la respuesta de los dueños fue negativa. En una segunda visita los propietarios accedieron a la propuesta bajo dos condiciones; la primera, visita gratuita al Museo Canario y la segunda, poner un cartelito al pie del gánigo con los nombres de los donantes. La junta de gobierno del Museo Canario aceptó tales condiciones. Así pues, el gánigo voló escoltado por los miembros del la CAMC a la sede del Museo Canario.
La Comisión de Arqueología del Museo Canario tenía el trabajo de sus miembros estructurado por función. Yo, el que escribe este breve relato, era el encargado de recibir y clasificar todo material arqueológico que entrara en el Museo. Me acuerdo cuando Jesús Cantero Sarmiento entró a la sede de la Comisión, en sus brazos portaba un objeto pesado, grande, tapado totalmente con una manta, lo puso encima de una mesa y destapó lo que traía en sus brazos; la cara de felicidad del resto de los miembros de la Comisión fue única. Me tocaba limpiarla y darle entrada en un libro de registro de materiales arqueológicos, donde se anotaba un número de referencia, el nombre del yacimiento...y más detalles. La pieza se registró con la siguiente signatura 1-BA-1 y en el borde interior de la boca plasmé la signatura con pigmento blanco a plumilla. Más tarde pasó a exposición, con las dos condiciones de los donantes.
Pasado el tiempo los antiguos dueños hicieron una visita al Museo Canario, y se encontraron conque las dos condiciones acordadas no se habían cumplido; la Comisión se comunicó con la Junta de Gobierno del Museo Canario y la respuesta fue que la Junta había decidido por mayoría anular dichas condiciones. Increíble pero cierto. Quedamos mal nosotros y el Museo Canario como "institución". La pena es que yo no tenga el nombre de la familia en cuestión para poder nombrarlos en este pequeño artículo...aunque para mi está plasmado en una etiqueta imaginaria al pie del GÁNIGO DE BARRANQUILLO ANDRÉS.